Sé que Dios lo sabe todo, pero me pregunto si se siente frustrado con mis oraciones.

“Oh, Señor, por favor cuida a mis hijos cuando regresen del campamento esta semana. Que la mente del conductor esté descansada y sus ojos atentos. Oh, eso me recuerda que necesito hacer una cita para Katie con el oculista. La vi leyendo su libro muy de cerca. Eso no puede ser bueno. Me sorprendió mucho que la biblioteca no tuviera más libros para niñas. Evidentemente los pocos libros que tienen son muy utilizados porque se ven muy desgastados. Me pregunto por qué no los forran con plástico resistente. Ahora que lo pienso, yo debería tener esos libros en mi casa. No —ya me estoy quedando sin espacio en las estanterías, y eso añadiría más volumen. ¡Ah! Más volumen, como yo. ¿Sabes? Necesito volver a hacer esa dieta. Si solamente yo… ¿Qué?... Espera… ¡oh, OH! Señor, lo siento. ¿Dónde estábamos?”

¿Cómo es posible que suceda esto? ¿Cómo puedo tener el increíble privilegio de que se permita traer mis pensamientos, mis alegrías, mi dolor y mis peticiones al Rey del universo, y dejar que mi mente tome un camino equivocado?

Y no es solamente mi mente errante la que puede hacer que me desvíe. Vivimos en un mundo de interrupciones electrónicas. Cuando la tecnología digital hizo erupción por primera vez, todos pensamos: Las cosas van a ser mejor ahora. Puedo encontrar información mucho más rápido. Tendré… (y aquí está la mentira que todos creímos)… tendré más tiempo.

Tal vez al comienzo eso era verdad. Investigar para hacer una compra ya no implicaba leer largos comentarios en la biblioteca sobre los productos. En cuestión de segundos, teníamos toda la información que necesitábamos. Pero pronto tuvimos más información de la que podíamos manejar. Y ahora, la información nos llega de prisa y con furia. Hay demasiado para procesar. Las notificaciones electrónicas nos alertan constantemente de que hay algo nuevo que leer. Los correos electrónicos nos inundan. Los mensajes de Facebook no paran. Blog tras blog tienen nuevo contenido. La cabeza me da vueltas por todo lo que recibo. No hay tiempo para analizar detenidamente esos mensajes; no hay tiempo para que la información que recibimos se vuelva productiva...

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