¿Alguna vez se ha quedado asombrado por la forma en que se tergiversan y alteran las leyes? ¿Alguna vez ha visto tal perversión de la justicia como en la última década? El profeta Habacuc escribió palabras relevantes de verdad cuando dijo en el primer capítulo de su profecía:

Destrucción y violencia están delante de mí,
y pleito y contienda se levantan.
Por lo cual la ley es debilitada,
y el juicio no sale según la verdad;
por cuanto el impío asedia al justo,
por eso sale torcida la justicia. (Habacuc 1:3-4)

El escritor de esas palabras murió hace siglos, pero, ah, ¡cómo sus palabras siguen vivas! Si usted tiene incluso el más ligero conocimiento de lo que está sucediendo en el mundo que nos rodea, usted sabe lo actuales que son estas palabras en realidad.

¿Alguna vez se ha quedado asombrado por la forma en que se tergiversan y alteran las leyes? ¿Alguna vez ha visto tal perversión de la justicia como en la última década?

El criminal es ahora el héroe, tristemente malentendido y maltratado. La víctima es el sádico egocéntrico que decide entablar pleito judicial porque piensa que derecho le asiste, es arrogante o está confundido. Los hechos crudos y fríos se suavizan e inclinan gracias al ingenio semántico de astutos peones políticos. Las cortes ahora se parecen a escenarios en donde hay actores que se pelean por papeles de protagonistas, en lugar de ser una cámara digna de ley y orden. A jueces y jurados se puede comprar, sobornar, inclinar o seducir, si se les da suficiente tiempo en la olla de presión de la legislación. Los miembros del jurado, que en un tiempo solían ser anónimos y escudados en el nombre de la justicia y objetividad, ahora aparecen en programas de entrevistas...

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