Juan estaba bautizando a personas de todas partes de la región quienes se acercaban arrepentidas y buscaban el perdón de sus pecados. Un día, en el río Jordán, Jesús se unió a la formación de personas, que esperaban ser bautizadas. Sabemos por el Evangelio de Mateo que esto tomó a Juan por sorpresa. Mateo 3:14 dice: “Pero Juan trató de disuadirlo. -Yo soy el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?” En otras palabras, “Si esto es un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados, ¿qué haces en la línea de los pecadores?” Jesús no tenía pecado y por lo tanto, no tenía necesidad de perdón. ¿Entonces por qué fue bautizado Jesús?

Isaías 53:12 dice de Jesús: “Y fue contado entre los transgresores”. Lo anterior llegó a su cumplimiento en la cruz, pero comenzó desde el principio de Su ministerio. Jesús se alineó con todos los demás para ser bautizado, identificándose con nuestro pecado y la necesidad de ser perdonado. Jesús está tomando el lugar del pecador, anhelando lo que más tarde Él mismo llamó “un bautismo con el que debo ser bautizado”, que era Su muerte, sepultura y resurrección.

Nuestro bautismo corresponde a nuestra identificación con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El hecho de ir bajo el agua es un símbolo de morir con Cristo; el estar sumergido en el agua es un símbolo de ser enterrado con Cristo, y el salir del agua es simbólico de haber resucitado con Cristo. El acto del bautismo no es algo adicional al Evangelio, sino que es una representación del Evangelio. El acto externo del bautismo fue diseñado para representar la verdad espiritual interior y la realidad de nuestra unión con Cristo.

Aunque no podemos atribuir ninguna virtud al acto del bautismo en sí mismo, puesto que este acto no nos une a Cristo, el bautismo sí es un evento importante en la vida del creyente, porque declara abiertamente nuestra unión con Cristo de tal manera que lo que es verdad de Él se convierte en verdad acerca de nosotros.

Jesucristo tomó el lugar que merecemos (el lugar de muerte), para que podamos entrar en el lugar que sólo Él merece, que es el lugar donde estamos totalmente alineados con el Padre. Su bautismo es un presagio de todo lo que será la manifestación exterior de la vida cristiana. Nuestro bautismo apunta hacia atrás a lo que Cristo hizo posible, y Su bautismo apunta a lo que Él ha hecho posible. En Jesús, como hombre en la tierra, el Espíritu Santo operaba en Él y a través de Él, trayendo beneficio y bendición para los demás. Dios está comprometido con el mismo proceso en nosotros, y el acto del bautismo es un símbolo de nuestra unión con Cristo, que hace posible este proceso. Y estar unidos a Cristo es la esencia del Evangelio.


Vive la Verdad



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